GRACIA, ECONOMÍA Y MERCADO*

 

H. Fernando Bullón**

FTL-Costa Rica

 

 

La denominada economía es una esfera fundamental en el proceso de la vida humana, y sin su desarrollo no sería factible la existencia. Como ser cultural, el hombre ha ido desarrollando a lo largo de la historia las instituciones, estructuras y sistemas sociales para satisfacer sus múltiples necesidades y realizarse como ser creado con potencial de plenitud. Así, en lo político, lo religioso, lo económico, lo educacional, lo artístico, etc., ha avanzado desde los estadios más simples hasta las creaciones más complejas propias del mundo moderno y de las sociedades interrelacionadas a escala mundial. Desde la perspectiva de las Escrituras, la vida humana debe orientarse por valores definidos, los valores del Reino de Dios. Por lo tanto, cualquier faceta de la vida en sociedad deberá evaluarse a la luz de dichos criterios.

 

       De acuerdo con la Antropología Bíblica, desde la caída, el quehacer humano se caracteriza por la ambigüedad. Todo lo que hace el hombre porta signo ambivalente, en lo íntimo como en lo público, en lo pequeño como en lo grande, en lo secular como en lo religioso, en lo parcial como en lo sistémico. En la gracia común, que alcanza a toda la creación, vemos los signos constructivos de la creación humana; pero dado el proyecto autónomo del hombre con respecto a la voluntad del Creador, vemos emerger también los rasgos pecaminosos, destructivos y alienantes de su acción. La actividad política como la económica, no pueden escapar al juicio de la perspectiva divina; como tampoco, a la postura pro-activa por parte de los cristianos por tratar que éstas puedan ser transformadas para conformarse más hacia el ideal de los valores escriturales.

 

        La Economía, la entendemos como la esfera de la vida humana, en la cual el hombre tiene que relacionarse con la naturaleza y su entorno cultural, para producir los bienes y servicios que le permitan sostener su existencia y lograr desarrollarse de acuerdo a una determinada perspectiva de vida. Inicialmente ésta fue una relación elemental con la naturaleza para extractar recursos que le permitieran sobrevivir. Con el tiempo, el hombre crea los medios artificiales propios del proceso supra-orgánico que es la cultura, y su sobrevivencia se da también en relación a la diversidad y complejidad del entorno de vida artificial y perspectivas de vida desarrollados por él mismo.

 

       Este proceso de relación e intercambio social por razones económicas es tan antiguo como la vida misma, y ha ido evolucionando al calor del desarrollo de los propios sistemas sociales y culturales de las épocas. El sistema capitalista y la economía de mercado, como otros sistemas económicos previos, corresponde a este tipo de procesos socio-culturales. Nos interesa en este artículo describir el actual estado de cosas en el desarrollo del capitalismo y la economía de mercado, a la luz del análisis de diversos estudiosos, especialmente con referencia a la realidad latinoamericana. Pero sobre todo, nos interesa contrastar este estado de cosas con lo que es la perspectiva axiológica de la Escritura. Los valores que surgen de ésta son diversos y podrían presentarse en múltiples racimos de afinidad: el amor, la caridad, la compasión, la bondad, la benevolencia; la verdad, la integridad, la honestidad; la pureza, la integridad, la santidad; la justicia, la rectitud, el derecho, la equidad; la fe, la firmeza, la valentía; la libertad, la responsabili­dad, el dominio propio; la paz, el trabajo sosegado y esforzado, el bienestar, el progreso; la esperanza, la paciencia, la entereza de propósito; y podríamos seguir con este espectro de valores y virtudes. Pero cual ramificación arborizada, todos estos valores tienen un tronco común que es la persona de Dios, quien fundamentalmente es Amor y es Gracia sobre Gracia. Queremos pues, y centralmente, observar la vida humana en su faceta económica actual, a la luz de la Gracia, cualidad constitutiva del carácter del Creador, y que por lo tanto, debe ser constituyente necesario de la vida humana en perspectiva cristiana.

 

 

 

La globalización de la inequitativa economía neoliberal

 

El fenómeno de la globalización

La “globalización” como fenómeno cultural, refleja el proceso civilizacional comenzado desde tiempos antiguos, de la expansión de las relaciones entre naciones y culturas, al ritmo del desarrollo de los medios que han permitido este acercamiento o encuentro. El desarrollo de los medios de comunicación, terrestres, marítimos, aéreos fueron claves para facilitar estos intercambios, vía procesos graduales de alcance regional, transnacional y mundial. El concepto de globalización, refleja dicho impulso civilizacional en su fase actual y que se presenta con rasgos distintivos. Los desarrollos tecnológicos han comprimido de manera decisiva las tradicionales barreras de tiempo y espacio. Las mejoras en el transporte permiten la movilización de personas y bienes de un lugar a otro con enorme facilidad. Con la tecnología satelital y el Internet, la información puede ser transferida de un lado del mundo al otro en tiempo presente, creando una simultaneidad global. Han florecido comunidades cibernéticas, que reflejan la creación de identidades que superan las barreras o límites físico-geográficos y culturales. Estos desarrollos han permitido en la esfera económica, estructurar la producción en fábricas globales, vinculando procesos y recursos a través del mundo. La venta electrónica ha establecido la adquisición de stocks de producción que trasciende las barreras geo-espaciales. En el sector financiero las comunicaciones rápidas vinculan los mercados de capital a través del mundo resultando en un mercado financiero global diario. Asimismo podríamos continuar analizando proceso en otros sectores: político, educacional, etc.

 

       Se ha escrito mucho últimamente sobre el fenómeno de la globalización y desde diferentes campos, pero con predominio de los enfoques político económicos.[1] Un aspecto común a todos estos recuentos es que la globalización es entendida como un orden global nuevo, y uno en el cual la tecnología y la liberalización del mercado son los conductores del proceso de cambio. Las diferencias y discusiones emergen en relación a los resultados del proceso, acerca de cuestiones de distribución y equidad, y acerca de en qué medida la actual configuración de la globalización fortalece o más bien perjudica la estabilidad global.

 

       Desde la óptica comentada en la introducción, al referirnos a la globalización de manera general, es importante reconocer el concepto, en tanto proceso de desarrollo cultural, y como todo lo que el hombre realiza, con sus rasgos tanto constructivos como negativos. Particularmente analizamos a continuación, los rasgos dehumanizantes de la expansión global del sistema económico neoliberal.

 

 

 

Efectos de la globalización neoliberal: Pobreza, inequidad e inseguridad social generalizadas

­Según la gran mayoría de estudios, inclusive aquellos de organismos oficiales internacionales,[2] la globalización no ha podido lograr la convergencia económica que se anticipaba a principios de los años 90s del siglo XX por muchos promotores de la liberalización económica. En realidad, la mayoría de los países de América Latina, el África Subsahariana, Europa Oriental y Central han cosechado muy poco de la globalización. Por el contrario, se ha experimentado un incremento en la pobreza, desempleo masivo, inequidad, fragmenta­ción social e inestabilidad política. La exclusión de una gran parte de la población global de los beneficios de la globalización ha sido reconocido como una de los más grandes desafíos de la nueva centuria. El Secretario General de la Naciones Unidas, Kofi Annan, en su informe de la Asamblea del Milenio, afirmaba: “El desafío central que encaramos es asegurar que la globalización llegue a ser una fuerza positiva para toda la población mundial, en lugar de dejar billones de ellos por detrás en la indigencia”.[3] El fracaso en establecer una más equitativa distribución de los beneficios de la globalización determina que haya serias consecuencias para la estabilidad del orden mundial.

 

       El conocido Premio Nobel de Economía, Joseph E. Stiglitz, dice: “El problema no es con la globalización, sino en cómo se ha manejado ésta. Parte del problema tiene que ver con las instituciones económicas internacionales, como el Fondo Monetario Internacional (FMI), el Banco Mundial (BM) y Organización Mundial del Comercio (OMC), que fueron las que establecieron las reglas de juego. Lo han hecho de tal manera, y casi siempre, que ha servido a los intereses de los países más industrializados ¾y a intereses particulares dentro de esos países¾ más que los del mundo en desarrollo. Pero no es sólo que han servido a aquellos intereses; muy a menudo, han visto la globalización desde estrechas posturas mentales, formadas por una visión particular de la economía y de la sociedad”.[4]

 

       El discurso dominante que alimenta las políticas y prácticas económicas en este contexto globalizado, tanto de las poderosas instituciones multilaterales (FMI, BM, OMC) así como los gobiernos, proviene de la ideología neoliberal. Y es esta ideología la que está sirviéndose de la globalización para reordenar el mundo de acuerdo a sus principios y dictados. Las políticas neoliberales pueden haber acelerado la integración de los mercados, pero sus políticas han creado una economía altamente polarizada en la cual, los ricos se vuelven más ricos y los pobres más pobres. Más de ochenta países tienen un ingreso per capita más bajo que lo que tenían una década antes. La brecha de ingreso entre el quinto de la población mundial viviendo en los países más ricos y el quinto de los países más pobres era de 30 a 1 en 1960, de 60 a 1 en 1990, y de 74 a 1 en 1997. Esta polarización en el ingreso es reflejada en el hecho que al final de los 1990s, el quinto de la población mundial que vive en los países de más altos ingresos se beneficiaron del 86 % del PB mundial, del 82 % de las exportaciones mundiales, y del 68 % de la inversión internacional, mientras que el quinto de la población mundial en países más pobres, recibió sólo el 1 % de Producto Bruto mundial, 1 % de la exportaciones internacionales, y 1 % de la inversión internacional.[5]

 

       La globalización vía el proceso dicotómico de integración y fragmentación ha generado nuevos desafíos a la seguridad que están más allá de las capacidades de control por parte de los estados individuales. En países en vías de desarrollo, en donde el estado era ya débil, con los procesos de privatización y desmantelamiento del estado, su rol ha sido aún más erosionado al punto que ya no pueden ampliar la provisión de servicios públicos básicos como bienestar social y seguridad. Como consecuencia, se vive una inseguridad multifacética: inseguridad económica, alimentaria, de salud, del medio ambiente, comunitaria, y política. El colapso del estado en los países en vías de desarrollo es cada vez más común, una situación en que la estructura de la autoridad (poder legítimo) la ley, y el orden civil y político se desintegran. Desde Sierra Leona, pasando por Indonesia y llegando a Colombia, la cohesión social se ha fragmentado, y la inseguridad humana, la inestabilidad social, la violencia y el conflicto armado crecen. Se incuba y se intensifica el crimen, la violencia y el conflicto, en la medida que los grupos compiten por sobrevivir en un estilo darwiniano. Maduran y se desarrollan estructuras y subculturas de violencia que se establecen firmemente en la economía, paralelamente con el lado oscuro de las transacciones dentro de la economía global. Estas sobreviven por conexiones con redes internacionales de criminalidad basadas en el tráfico de drogas, de armas, de seres humanos, de lavado de dinero, de bienes o productos ilícitos (diamantes, partes humanas, obras de arte robadas, etc.). Todos estos son ya rasgos característicos también de la globalización, tanto como el lado formal del comercio e inversión legales, pero tal vez como su contraparte, que algo nos dice respecto al tipo de “legalidad” establecida que no es sino otro tipo de latrocinio a las masas.

 

       Stiglitz cree que la globalización puede tener un rostro más humano, y que ésta puede ser reorientada, pero para ello se hace necesario reformas fundamentales. Aspecto clave para él, es el reemplazo de la ideología de mercado por un análisis realmente basado en la ciencia económica, que incluya una perspectiva más equilibrada acerca del rol del estado, provisto que hay un entendimiento de los fracasos tanto del mercado como del aparato estatal. Aboga por una estrategia múltiple de reformas. Una de ellas, necesariamente de los arreglos económicos internacionales, que implicaría reformas en el funcionamiento de organismos como el FMI, el BM y la OMC. En realidad, Stiglitz piensa que el cambio más fundamental que es necesario realizar para que la globalización funcione como debe, es un cambio de gobierno global, lo cual implica cambios en los derechos de voto a favor de los países en vías de desarrollo.

 

       Por otro lado, son necesarios cambios a nivel de países, tanto en los desarrollados, como en los en vía de desarrollo. En los países desarrollados, es necesario eliminar las barreras al comercio, y que practiquen realmente lo que predican. En el caso de los países menos desarrollados, es necesario desarrollar regulaciones fuertes para protegerse de los especuladores externos o de comportamiento inadecuado de las corporaciones que ya están en el país. Pero sobre todo, luchar contra la corrupción de los propios gobiernos que tanto ha limitado la efectividad del sector público para promover el desarrollo.[6]

 

 

 

Supuración del sistema: Economía libidinal y latrocinio dentro del latrocinio

La cultura neoliberal que se conjuga con la mentalidad postmoderna, generan una economía deshumanizada, pasándose de una ética de principios a una del beneficio a toda costa, consumista, narcisista, “libidinal”.Los sistemas económico y administrativo segregan una actitud funcionalista, pragmática, proclive a la búsqueda de la rentabilidad y eficacia a cualquier precio, incluida la instrumentalización de la otra persona en función del propio interés o del éxito personal. En expresión de P. Trigo, “ es una sociedad que ve al mundo como mercado, que avista a los ciudadanos sobre la base de la posesión y que entiende las relaciones sociales como relaciones de intercambio.[7]

 

       En otro trabajo he mencionado acerca de la aparición de procesos o eventos que se constituyen en verdaderos símbolos representativos del sistema y de la época. Tal es el caso de la revitalización del trabajo y la ganancia especulativa del mundo bursátil, con sus héroes que aparentan ser benefactores, pero que fundamentan su riqueza acumulada en un injusto sistema. Tal es el lema de los moscones de las bolsas financieras: “Conoce el caos, y te podrás hacer rico”, expresión que sintetiza la combinación de la irracionalidad económica con el haz de la baja pasión de la codicia humana; el deseo de enriqueci­mien­to sin el esfuerzo del trabajo aludiendo “inteligencia”. Efectivamente, ¿Cómo explicarle a un campesino, que entiende que la mejora económica se da a través del trabajo honesto y esforzado, con el sudor de su frente, tratando de hacer parir la tierra para comer su pan; sí, como hacerle entender que la economía de su país desmejorará y le afectará directamente a él y a su familia, simplemente porque a alguien se le cayeron las faldas en la Casa Blanca por un affaire presidencial (caso Clinton-Lewinski), lo cual afectó la performance de la bolsa en Wall Street con repercusiones a nivel mundial? ¿Cómo tener una economía racional que no se base en el cálculo especulativo de las inestabilidades políticas que afectan el movimiento de capitales de quienes detentan el poder económico y político, y que en última instancia es el fruto de sus propios pecados y de sus ansias codiciosas de más y más riqueza?[8]

 

       Una muestra de los subproductos del inmoral sistema que estamos criticando la tenemos en últimos acontecimientos del mundo de las corporaciones en los Estados Unidos, en sus vínculos con la coronilla del sistema, la bolsa. Se cumple el dicho: “Ladrón queriendo cazar a ladrón”. Según el estudio Executive Excess 2002: CEOs Cook the Books, Skewer the Rest of Us, del Institute for Policy Studies and United for a Fair Economy.[9] Veintitrés de la mega-corporaciones estaban bajo investigaciones por práctica contables ilegales. La investigación encontró que, entre 1999 y 2001, el pago a los CEO (Ejecutivos principales) de estas compañías promediaba $62.2 millones. Esto se contrasta con CEOs de compañías que no están bajo investigación, cuyo promedio era de $ 36.5 millones para el mismo periodo. Desde el 1º de enero, 2001, los mismo CEOs supervisaron colectivamente 162,000 despidos y $530 billones en devaluaciones de accionistas. Mientras que muchos puestos de trabajo y muchos ahorros desaparecieron, estos alteradores de libros se llenaban los bolsillos como verdaderos bandidos. Uno de ellos, Keneth Lay vendió $ 100 Millones en opciones de stock antes de que Nerón entrara en bancarrota. Ahora él está viviendo de una pensión anual de $ 900,000 anuales. Otro, Dennis Kozlowski, acusado de evasión de impuestos, dejó su puesto de CEO de Tyco, pero no antes de haber cortado 18,400 puestos y obteniendo su “tajada” trienal de más de $ 331 millones.

 

       Mientras que la criminalidad corporativa es de seria preocupación, las transacciones que trajeron a la quiebra a estas compañías fueron “legales”. En un estudio separado de la United for Fair Economy, se detallan las prácticas de negocios que las condujeron al deceso.[10] De acuerdo a ambos reportes, la trampa más peligrosa era la opción de stock, la forma de pago para 60 % del sueldo a los CEO. Las corporaciones pueden legalmente guardar dos sets de libros contables. Uno, para accionistas, no lista las opciones de stock como gastos, haciendo que las ganancias aparezcan como mayores. Un segundo libro para las opciones IRS de stock como gastos, por lo tanto limitando la responsabilidad en sus impuestos a la corporación. Esta opción “rendija” de stock costó al gobierno de los Estados Unidos $ 56 billones en evasión de impuestos en el 2000.

 

 

 

Un vistazo a América Latina: rasgos comunes de una problemática global

Hay un pleno reconocimiento que es un imperativo y un asunto de primera importancia, la promoción del desarrollo social en todo América latina. La desigualdad es percibida de manera generalizada como una lacra indeseable no solo en el terreno social, político y económico, sino sobre todo en el terreno ético y moral; y esto, desde diversos frentes: los medios de comunicación, la academia, la iglesia, los gobiernos y organismos internacio­nales. También se reconoce que, aunque un asunto de carácter doméstico, esta circunstancia tiene implicaciones transnacionales, en sus causas como en sus efectos. Pero parece que la preocupación de los países más ricos es la de una reacción más por los efectos ¾las grandes migraciones, legales e ilegales hacia terceros países ¾que por las causas sistémicas en las cuales ellos mismos se encuentran involucrados.

 

       En un estudio de mediados de los 1990s, Gert Rosenthal[11] daba cuenta que en América Latina, entre fines de los 1970s y fines de los 1980s, el 40 % de los hogares más pobres experimentó una reducción neta en sus ingresos, mientras que el 10 % de los hogares más ricos mostraron una tendencia a crecer. En general, la incidencia de ambas, pobreza y pobreza extrema se elevaron entre 1980 y 1990, con contadas excepciones.

 

       Korzenieicz y Smith,[12] analizan el curso de los 1990s mencionando que, aunque se reflejó un moderado crecimiento económico resultando en cierto progreso para reducir la pobreza, particularmente en las áreas urbanas, la pobreza y la inequidad permanecían elevadas, aún superiores a los niveles alcanzados antes de la crisis de la deuda de principios de los 1980s. El número de pobres a mediados de los 1990s alcanzaba los 210 millones, unos 50 millones más que el promedio de la “década perdida” de los 1980s. La CEPAL daba cuenta que el porcentaje de hogares pobres había declinado del 41% al 39% en los 1990s, pero estas cifras son todavía mayores al 35 % del inicio de los 1980s. Cifras similares son provistas por Birdsall y Londoño.[13] Más aún, el número de individuos y hogares en situación de pobreza se ha incrementado después de 1998 como consecuencia de la caída en la producción económica regional provocada por las crisis financieras asiática y rusa y la devaluación brasilera de inicios de 1999.

 

       Cualquiera haya sido el mejoramiento de la pobreza en los 1990s, no se ha dado un proceso similar en cuanto a las tendencias a la inequidad. El crecimiento ha fracasado en mejorar las condiciones de desigualdad, a pesar de los renovados esfuerzos del sector público de fortalecer programas sociales. Aun los países cuyas economías tuvieron el crecimiento más rápido en los 1990s, experimentaron una creciente desigualdad (Argentina), o muy poco cambio (Chile). Varios han observado las estrechas relaciones entre pobreza y desigualdad. Por ejemplo, Birdsall y Londoño comentan que en la década de los 1990s la distribución del ingreso ha empeorado y exacerbado los efectos negativos a pesar del limitado crecimiento en cuanto a reducir la pobreza. El impacto del deterioro en la distribución del ingreso en el periodo 1982-1992 fue tan extenso que eclipsó los efectos de la subsecuente recuperación del crecimiento de la región.[14]

 

       Estudios de la CEPAL encontraron que las oportunidades de empleo generadas por las reformas del mercado y la liberalización del comercio se situaron en sectores de baja productividad, ampliando aún más la brecha entre ganadores (trabajadores calificados y educados asociados a empresas exitosas) y perdedores(trabajadores no calificados empleados por empresas de baja productividad del sector informal). O sea, la apertura de las economías de la región a las fuerzas de la globalización resultaron en altos ingresos para los mejor educados, a la vez que se penalizaba a los menos educados.[15] Lo sucedido en la Argentina ilustra dramáticamente que el crecimiento económico por sí mismo es insuficiente para contrarrestar la pobreza y desigualdad. Y tomamos éste país como un caso de casos, al haber representado históricamente la Argentina una de las economías más establecidas y desarrolladas de América Latina. Estudios similares han sido conducidos para los casos de México[16] y Chile.[17]

 

       El crecimiento económico argentino de los 1990s (promediando el 7 %) fue acompañado por un salto en el desempleo urbano del 6.3 % en 1990 al 18.4 % en 1995. Esta inusual combinación de rápido crecimiento con alto desempleo impactó en los niveles de pobreza. En el Gran Buenos Aires, las tasas de pobreza se remontaron durante 1989-1990(los años de la hiperinflación), luego declinaron brevemente como resultado de un éxito temprano en los esfuerzos de estabilización, sólo para volver a elevarse del 13.0 al 20.2 % entre 1994 y 1996. La pobreza en el Gran Buenos Aires continuó empeorando, alcanzando el 29.3 % en 1998. 36.1 % de la población nacional (13.4 millones) se hallaba bajo la línea de pobreza, incluyendo un 8.6 % de la población en situación de”indigencia” (sobrevivencia con insuficiente ingesta calórica debido a ingresos inadecuados). Asimismo, la inequidad también se incremento dramáticamente en la Argentina, a pesar del rápido crecimiento económico. En 1990 el quinto más rico se apropió del 50.7 % del ingreso nacional versus el 4.7 % del quinto más pobre. En 1998, el quinto superior había incrementado su porción a un 53.9 %, mientras que el quinto más pobre lo había reducido a sólo un 4 %.[18]

 

       No sólo la liberalización económica ha tenido los mencionados efectos, sino también las denominadas política de Integración Regional. John Weeks argumenta que liberalización e “integración regional” están estrechamente relacionados, ya que ambos se han orientado a reducir el alcance de la planificación por intervención de los gobiernos nacionales. La ideología neoliberal predice que la “flexibilidad” del mercado laboral debería incrementar el empleo, que la desregulación general debería promover el crecimiento, y que un más rápido crecimiento debería llevarnos a más altos salarios. Pero contrario a las predicciones neoliberales, los resultados de sus reformas en los últimos veinte años con relación al trabajo son muy ambiguos, y han sido opuestos a la organización sindical favoreciendo mas bien al capital.[19] Esto tiene como consecuencia la generación extensiva de la inseguridad económica, asunto de amplia discusión en América Latina dada la declinación en la protección al trabajador y la falta de apoyo a la legitimación de sus instituciones para negociar con los sectores empresariales. Definitivamente, hay una tensión opuesta entre las fuerzas del mercado y la seguridad económica.[20]

 

       En conclusión, los optimistas que promueven las reformas orientadas a la liberalización del mercado no pueden reclamar y afirmar que el crecimiento económico tiene un fuerte y directo impacto en reducir la pobreza o la desigualdad social. No hay evidencia que respalde este tipo de afirmación. Una brecha social persistente en la acumulación ha reforzado y acrecentado la gran proporción de gente que vive en la pobreza; éstos son objeto de una desigual distribución de ingresos, y la inseguridad de diversa índole colma sus vidas.

 

 

 

El mercado: ethos de la actual economía de Mamón

 

Penetración de la vida por la economía de mercado

¿Hasta que punto la expansión de la esfera económica ha penetrado todas las otras esferas de la vida, qué implicaciones tiene esto, y cómo debemos reaccionar los cristianos? Más aún, quienes estamos envueltos en el quehacer teológico, ¿cómo reaccionar frente a esta expansión a las más lejanas regiones del planeta, y dentro de las esferas más privadas de las vidas personales? Comenzamos a darnos cuenta que la lógica de la economía de mercado no se limita o restringe a algunas transacciones económicas per se, sino que invade y se interpone en todas las áreas de la vida. Justamente en estos días, tratando de escribir el presente artículo, y como reflejo de la presente era electrónica en que vivimos, he estado recibiendo aquel tipo de comunicaciones “indeseadas” (el llamado spam) que a todos nos llegan cada vez que chequeamos nuestra correspondencia en la red (a saber, de dónde obtienen las direcciones de uno!) Una de ellas, ofertando ventajosas acciones en el “stock market”, vinculadas a una compañía de armamento, ya que esto estaba en subida dado el actual contexto mundial de guerra de Estados Unidos en el Medio Oriente. Otras comunicaciones, que tipifican los rasgos libidinosos de la economía propios de este periodo post-moderno, porno y discreto, vinculadas a combinaciones de especiales ofertas para detener el envejecimiento, disminuir supuestamente la grasa o peso de más, y tener mayor potencia sexual; otra más específica, y que parece ser una competencia con los representantes de Viagra, ofertando tónicos para el desarrollo del miembro viril “sin operaciones” por razones de satisfacción a la pareja de acuerdo a los estándares de la filmografía pornográfica. Y otros, casi usualmente una mezcla de tercermundismo, religión y mafia(usualmente africanos supuestamente vinculados a iglesias o algo similar), proponiendo negocios jugosos ( si es que se cae en la trampa de sus ofertas para darle datos financieros o de las propias cuentas bancarias) y que representa formas chabacanas de operaciones de gran envergadura financiera, pero que se realizan con una supuesta “legalidad” dentro del sistema vigente.

 

       Tal vez estas referencias anecdóticas son como para ponernos a tono con los desarrollos del “mercado actual” y su forma de invasión del espacio privado. Y lo que representa éste en la esfera de las relaciones humanas, que según sus promotores incondicionales es “perfecto” en su funcionamiento, por el trabajo de la “libre mano invisible” que ha de redistribuir todas las satisfacciones, bienestar y progreso al conjunto de los seres humanos. Pensar en estos “fenómenos atmosféricos” que nos envuelven en el presente contaminado medio ambiente natural y social, nos acicatea para ponernos en postura meditativa respecto a si algún criterio ético es necesario tener para entrarle a esta esfera de la economía y su espacio o mecanismo por excelencia de expresión en el mundo actual: El mercado.

 

       M. Douglas Meeks menciona que el mercado moderno es una especie de “segunda naturaleza” para quienes viven en la comunidad del Atlántico Norte y crecientemente de las masas humanas alrededor del mundo Nuestros valores y la forma en que pensamos, parecen ser formados más y más por la manera en que opera el mercado, y que pareciera que no hay otras alternativas de vida.[21] Igualmente, Sallie McFague afirma: “La ideología de mercado se ha convertido en nuestra forma de vida, casi una religión, diciéndonos quienes somos(consumidores) y cual es la meta de la vida (hacer dinero)”. En la perspectiva de Mc Fague, el problema más peligroso es el “consumismo” de la clase media del mundo desarrollado, guiados por valores predominantes del individualismo y el crecimiento económico.[22]

 

       Ian Maitland[23] comenta que el mercado por mucho tiempo ha sido objeto de análisis crítico. Un asunto de preocupación recurrente es que el mercado libera la actitud adquisitiva de los individuos de sus límites morales, sociales y/o religiosos. Aunque dicha actitud adquisitiva puede ser una fuente de gran energía y de creatividad, es también una fuerza turbulenta, desordenadora, y potencialmente desintegradora. Tiene una dinámica de expansión propia, y a menos que se la restrinja, invade progresivamente otras esferas de la vida. Los cargos contra el mercado son muy antiguos:

 

·       Libera el egoísmo de sus límites morales.

·       Erosiona todos los vínculos sociales diferentes que los específicamente económicos y convierte las relaciones sociales en puramente instrumentales (las “cosifica” o “mercantiliza”).

·       Promueve una preocupación por las estrechas ventajas individuales, a expensas de la responsabilidad con la comunidad u otras obligaciones sociales.

·       Sustituye la cooperación voluntaria por la competencia.

·       Favorece valores materialistas y hedonistas

 

       Cuanto más completamente una sociedad ha llegado a ser dominada por las relaciones de mercado, más débil es su capacidad para promover los valores éticos y las virtudes. Se hace por lo tanto necesario hacer espacio para lugares de protección fuera del mercado ¾la familia, la escuela, la iglesia, la comunidad¾ donde las virtudes pueden ser cultivadas. En la obra de Robert Bella y otros, se menciona: “ Las fuerzas del mercado están rápidamente invadiendo todas las esferas de la sociedad¾ aún la familia, aquel bastión tradicional para refugiarse del “mundo insensible”.[24] Pero, esta tendencia se ha ido dando y acentuando cada vez más al desarrollarse la sociedad industrial y asentarse gradual­mente el sistema capitalista. Ya Marx y Engels, a fines del siglo XIX, mencionaban este proceso en su Manifiesto comunista:

 

“La burguesía... ha puesto fin a toda relación feudal, patriarcal, idílica. Esta... no ha dejado otro vínculo entre los hombres sino un descarnado interés egoísta, sólo un frío y duro pago de dinero. Ha quitado los más celestiales éxtasis de fervor religioso, todo entusiasmo caballeresco, todo sentimentalismo común, por el frío hielo del cálculo egoísta. ...Ha cambiado la estima personal por el valor de cambio... Ha desnudado de su halo a todas las ocupaciones hasta ahora honradas y consideradas con reverencia y respeto. Ha convertido al médico, al abogado, al sacerdote, al poeta, al hombre de ciencia, en obreros asalariados. Ha quitado de la familia su velo sentimental, y ha reducido la relación familiar a una de carácter monetario”.[25]

 

       El teólogo africano de la Universidad de Yale, Lamin Sanneh,[26] comenta que la economía de mercado ha cambiado el énfasis de la idea de una “casa sostenible” a la acumulación y cambio de bienes por ganancia, por pago de dividendos. La eficiencia del mercado tiene primacía sobre la solidaridad humana y la dignidad personal, y la cultura empresarial sobre la responsabilidad social. Es la cultura de la prosperidad antes que la justicia, consumismo antes que conciencia, propiedad antes que principio. La “libre empresa” (humana) ha absorbido y subvertido la visión teológica original de que una vida verdaderamente útil es aquella vivida al servicio de Dios, lo cual es perfecta libertad.

 

       La economía de mercado ha producido la sociedad de mercado, es decir, una sociedad organizada sobre la base de producción, intercambio y ganancia. La cadena económica de transformación toma el capital como financiamiento y lo transforma en un producto, un bien de capital cuya venta retorna para rentabilizar un capital fortalecido, repitiéndose así la cadena. En algún momento de la cadena es inyectado el trabajo, aunque sólo como una pieza dentro de la maquinaria impersonal de la producción. El capital económico encuentra aliados con las fuerzas de deshumanización y así se desbarranca por caminos de auto-agrandamiento explotador de otros. En tal sentido, el mercado incorpora y despersonaliza el trabajo como una prerrogativa de Mamón, más que ver el trabajo como una prerrogativa de dignidad humana, es decir, como simbólico del servicio que en último análisis los seres humanos le deben dar a Dios.

 

       Sanneh aboga por la necesidad de una crítica teológica basada en la reafirmación del justo sustento de la familia y un rechazo a la despersonalización del trabajo. Es imposible en este contexto de una ideología de mercado irresponsable y que no da cuenta a nadie, que dejemos de optar por una decisión: o ser esclavos de Mamón y su invitación a la codicia descarnada, o servir a Dios (Mateo 6:24) quien da respiración y vida libremente a todos, y es fuente del vivir y del ser (Hechos 17:28).

 

 

 

Dios o Mamón: Economías en conflicto

Miguel Miranda Sandí, evocando a Emil Ludwig en su cita “todo lo verdaderamente grande pertenece a la humanidad entera”, reflexiona sobre asuntos económicos: Si partimos del criterio de que el mercado es una construcción social, verdaderamente grande, y tratáramos de aplicar este pensamiento al mercado, diríamos tristemente que las cosas son diferentes, pues las maravillas que algunos le conceden a las reglas del mercado, casi con devoción religiosa, no son para todos. En ese sentido, y siendo el amor al prójimo el baluarte de la fe cristiana, sostenemos que desde esta perspectiva las características del mercado serían otras diferentes, porque el ser humano, y no los fines de lucro desmedidos, son la base de la economía de Dios.[27]

 

       King and Woodyard[28] señalan que las estructuras económicas tienen vida por sí mismas y ordenan el comportamiento de la gente, a menos que concientemente se desee vivir bajo otro patrón de valores. Para Stackhouse,[29] el problema con la economía del mercado capitalista es que “ la adoración del dinero, posesión, y demanda de propiedad puede llegar a convertirse en demónico si no es redirigido hacia una disciplina cooperativa de ordenamiento comunitario”. Es necesario un claro entendimiento de los poderes detrás de la expansión económica. El poder de las enormes estructuras económicas como el de las compañías transnacionales, el mercado bursátil internacional, y aún la Organización Mundial del Comercio no pueden ignorarse. Hay poderosos intereses en juego que no pueden ser domados fácilmente.

 

       En una contribución bastante lúcida, Ulrich Duchrow,[30] luego de un análisis de las actuales estructuras económicas mundiales, emite un juicio desde la perspectiva bíblica, a la vez que sugiere alternativas y estrategias de acción a diferente nivel. En su diagnóstico de las estructuras económicas, verdadera economía de Mamón, analiza las dimensiones económica, política e ideológica del sistema. En la dimensión económica, remarca el hecho del establecimiento de un mercado capitalista absoluto a favor de los ricos, tanto países como capas sociales. Dentro de este sistema, el “Tercer Mundo”o el “Sur” es necesario para su desarrollo, sus territorios y sus recursos, pero no su gente. Su gente no son objeto de desarrollo, sino un factor barato en la producción y materia de políticas de seguridad (es decir, contra quienes hay que asegurarse). Hay un falso argumento acerca del crecimiento económico en cuanto a crear fuentes de trabajo. Lo real es que más bien están destruyendo éstos. Los dueños del capital, a quienes les interesa rentabilizar más, lo que hacen es sacar capital fuera de las economías (es decir de la producción y servicios) hacia inversiones financieras (incluidas las especulativas) en los grandes mercados financieros mundiales o en los paraísos fiscales. Por otro lado, las transnacionales dentro del sistema globalizado tienen cada vez más poder y ponen las reglas de juego, mientras que el sector laboral y aún los gobiernos, han sido fragmentados en su capacidad negociadora. Y manejando sus argumentos de competitividad en el mercado mundial para presionar a la baja en la retribución del trabajo, amenazan con desplazarse a cualquier otro lugar en el mundo si es que no se aceptan sus condiciones.

 

       En la dimensión política, el curso ha sido promover la expansión de “gobiernos elegidos democráticamente” pero con el propósito de que apoyen el firme asentamiento del mercado capitalista absoluto. Las políticas de Ajuste Estructural, tenían un claro cometido: privatizar las ganancias y socializar las pérdidas.

 

       En el nivel ideológico, las mismas corporaciones y bancos transnacionales poseen y controlan los sistemas transnacionales que forman las creencias y deseos de la gente alrededor del planeta, desinformando deliberadamente, por intereses económicos y políticos. Hay un interés por ganar las mentes de la gente, despolitizándolas ya que ello ayuda a los intereses del capitalismo. Para ello es necesario crear una cultura homogénea universal de consumismo y amor al dinero. Las cadenas mundiales de TV, programas musicales, redes informativas, etc. han creado las imágenes y símbolos por los cuales la gente se define a sí misma y escoge sus estilos de vida. Por debajo de los niveles políticos, socio-psicológicos y culturales está el nivel teológico. Aquí es donde el corazón de la economía capitalista se revela a sí misma como Mamón ¾donde uno pone su confianza... la proclamación con total fe de su primer mandamiento¾: “Que el dinero hace funcionar al mundo”.

 

       Es esta religión universal del dinero, combinada con el consumismo estimulado subconscientemente que hace que la mayoría de la gente siga a ciegas la forma en que está organizada la economía capitalista. Por su parte, los organismos económicos mundiales operan como sacerdotes de una religión a ciegas, porque a pesar de que los resultados muestran lo opuesto (más empobrecimiento y más destrucción del medio ambiente), siguen recomendando y promoviendo la teoría neoliberal como un dogma, y legitimando un sistema de acumulación de riqueza y de poder. Desde esa óptica, el mercado es visto “como el principal instrumento para establecer el Paraíso”. “Si se administra bien, creará bienestar para el pobre”, se afirma.

 

 

Economía y Palabra de Dios para América Latina

 

La clave hermenéutica de la Gracia

Cuando buscamos aquellos grandes temas escriturales que nos puedan servir como una clave hermenéutica para entender cuestiones centrales de la Palabra de Dios, definitivamente, uno de ellos es el tema de la Gracia. Frederick Buechner, en su libro “The Good Book as a Good Book” (“El Buen Libro como Buen Libro”) arriba a la siguiente conclusión: “Finalmente, pienso que es posible decir que a pesar de su extraordinaria variedad, la Biblia se mantiene armónica por tener un diseño único. Y este puede ser expresado de manera sencilla: Dios creo el mundo; el mundo se perdió; Dios busca restaurarlo a la gloria para lo cual lo creó”.[31]

 

       Carl McCann, quien es el que cita a Buechner, menciona que el peligro de simplificación del mensaje escritural se ve disminuido, frente al otro gran peligro de fallar en el discernimiento del diseño simple pero profundo del mensaje bíblico, que Dios es esencialmente, característicamente, y fundamentalmente lleno de gracia. Por lo tanto, sin querer negar la “extraordinaria variedad” de la Biblia, es importante resaltar rasgos unificadores de la historia bíblica que contribuyen a su diseño sencillo pero esencial. McCann recorre tanto el Antiguo como el Nuevo Testamento, para descubrir este diseño de la gratuidad de Dios siempre presente.

 

       En el Antiguo Testamento revisa, de acuerdo al canon judío, la Ley (la Torah), los Profetas y los Escritos. Desde el mismo comienzo (Génesis 1-9), la Biblia es la historia de la gracia de Dios y en el momento clímax del restablecimiento del pacto del Sinaí (Éxodo 34), permanece la historia de la gracia de Dios. Gen. 1-9 introduce no solamente el libro de Génesis pero también la Escritura como un todo, y Éxodo 34 es la culminación de la historia de la liberación de Israel de la cautividad (Ex.1-15) y el establecimiento de su relación pactual con Dios (Ex. 19-34). De acuerdo a Rendtorff, el resto de la Biblia será acerca de las mismas cosas ¾la relación de Dios con todo el mundo, ejemplificado por la relación con Israel y fundamentado esencialmente en la gracia¾ un Dios que gratuitamente crea, clama y cuida por toda su creación.[32]

 

       El Nuevo Testamento presenta la prioridad y centralidad de la gracia de Dios de múltiples maneras, incluyendo el recuento del evangelio acerca de la vida y ministerio de Jesús, así como los escritos de Pablo. En el Nuevo Testamento se continúa y profundiza el diseño único y simple del Antiguo Testamento. Tal vez la afirmación más categórica de la actividad divina llena de gracia en Cristo es Romanos 5:8, “Mas Dios muestra su amor con nosotros, que siendo aún pecadores, Cristo murió por nosotros” (RV). Este mensaje paulino de la gracia es fundamento para una perspectiva de la necesidad de solidaridad universal entre todas las familias de la tierra. Aún en el momento de su misma muerte en la cruz del Calvario, la oración de Jesús por su enemigos(Lucas 23:34), demuestra el perdón inmerecido, afirmando que la justificación y justicia de Dios suceden no por actos de condenación y castigo, sino por gracia. Y en la expresión de Jesús mismo, de que él no estaba haciendo otra cosa que cumplir con lo dicho de él en la Ley, los Profetas, y los Escritos (Salmos) (Lc. 24:44), que en alguna medida es reafirmar que las Escrituras se mantienen integradas por un único diseño, “la gracia de Dios”.

 

       En la vena del diseño de esta hermenéutica de la gracia, Douglas Meeks,[33] contrasta dos tipos de antropología en conflicto ¾dos “formas de ser humano”¾ “antropología del mercado” (market anthropology) y antropología cristiana asentada en la tradición bíblica.. ¿Para qué existe el ser humano? La antropología mercantil responde: “para maximizar utilidad”. Y basada en el supuesto de la libertad de escogimiento (deseos o preferencias) cada cosa y relación tiene asignado un valor, de tal manera de hacer los cálculos “maximizadotes”. Y este principio inicialmente económico se busca aplicar a todas las esferas de la vida; toda la existencia humana se convierte en un asunto de preferencias y maximización, y cada asunto, bien, persona o relación, una “mercancía”. Deseos y preferencias (demanda de bienes) se vuelve el motor del mercado, sobre la base del otro supuesto de “bienes escasos”. Pero bienes escasos porque, no importa cuanto se produzca, nunca será suficiente para una sociedad basada en el consumo (el ser humano como un insaciable “deseador”, un infinito consumidor). Y para producir más y barato, es necesario la competencia, la guerra económica por el mercado. Pero en medio de una escasez artificial inducida y una competencia de impares, la deuda y la esclavitud siguen como subproductos naturales. El endeudarse y esclavizarse es una forma de lidiar con la escasez, se propone. El mantener el poder y sostener el sistema, el dominar el mercado y cobrar la deuda, el acumular “riqueza” asegurar el futuro y acceder a todo lo que se desea, es haber realizado la existencia. (“Alma, muchos bienes tienes guardados para muchos años; repósate, come, bebe, regocíjate” Lucas 12:19).

 

       En cambio, la antropología cristiana, frente a la pregunta existencial fundamental nos dirá: El hombre existe para glorificar a Dios, y amarle con todo su ser, y a sus prójimos como a sí mismo, como vía de realización y vida plena. Evidentemente, esto no aparece en la antropología mercantil. Tampoco los conceptos de “gracia”, “don/regalo”, “promesa”, y el “amor a los enemigos”, aparecen en su léxico. Por el contrario, son reemplazados por los de “deuda”, “mercancía”, “contrato” y “competencia”. Tampoco se asume en la antropología mercantil, frente al ejercicio de los “libres escogimientos” (“preferencias”) o de la demanda maximizadora y dinamizadora del mercado la perspectiva antropológica de las escrituras de la “esclavitud y pecaminosidad del deseo humano” (“...mas soy carnal, vendido al pecado. Porque lo que hago, no lo entiendo; pues no hago lo que quiero, sino lo que aborrezco, eso hago” Rom. 7:14-15). Asimismo, en la perspectiva divina de las relaciones sociales hay otro tipo de”valor”, diferente al valor de mercado, y no es posible considerar cada aspecto como mercancía. Por ejemplo, la salud, el conocimiento, y la justicia del prójimo; la adoración y la participación de la abundancia de la comunión Dios( estos no tienen utilidad para el mercado, aunque lamentablemente hay mercaderes que saben como sacarle precio a lo sagrado). Y, la respuesta divina a la situación de deuda y esclavitud humana, es perdón y gracia redentora, Definitivamente, la economía de Dios es una economía de la Gracia. La redención es la transformación de la economía de deuda en una economía de perdón, y de gracia restauradora y reconciliadora, para que la vida florezca. Y es el camino para una antropología cristiana de las relaciones humanas en todas las esferas, incluida la económica. El camino simbolizado y encarnado en la eucaristía, la mesa compartida, la vida y relaciones interdependientes en el mutuo servicio. No el intercambio anónimo de mercancías en relaciones contractuales. Sino el intercambio y mutuo de dones, entre personas y comunidades que saben para qué se vive y en dónde está la realización de la existencia.

 

       Ahora bien, ¿Por qué es tan importante el discernir este tema de la gracia; este diseño fundamental de la Escritura? Según McCann, una de las mayores razones es el hecho histórico que la Biblia ha sido, y continúa siendo usada como un instrumento de odio, discriminación, auto-gratificación, y exclusión. Equivocarse en discernir que el “diseño único”es un testimonio de la esencial misericordia, gracia y amor de Dios para con toda la creación, incluyendo a “todas las familias de la tierra”, conduce inevitablemente a una doctrina de retribución. Y el predominio de ésta estimula a los poderosos y prósperos a concluir que Dios debe estarlos bendiciendo a ellos, a la vez que les sirve como una especie de garantía para victimizar a los inocentes, por ejemplo culpar a los pobres por ser pobres, y absolverse ellos de cualquier responsabilidad con la situación. No es necesario mencionarlo: el resultado no es en manera alguna solidaridad sino estratificación rígida entre individuos y grupos, de raza, etnia, nacionalidad, clase social, etc. Sin embargo, la mayoría de los líderes eclesiásticos no están plenamente concientes de que la teología y la iglesia —aún cuando aparentemente algunos parece que tratan de resistir costumbres de la sociedad contemporánea¾ pueden estar inconscientemente, también, siendo formadas por la economía de mercado. Aún, el capitalismo promueve su propia idea o concepto de Dios habiendo teólogos que hacen causa común con el statu quo. La llamada teología de la prosperidad, o el “evangelio del éxito” es el ejemplo más patente. La teología se vuelve sirviente de los objetivos económicos, santificando las estructuras de la economía de libre mercado y protegiéndola a toda costa de ser cuestionada. Aquellos que son exitosos económicamente son los bendecidos, y aquellos que no, deben sentirse culpables.

 

       Por ello, el discernimiento del especial diseño escritural, que podemos llamar la práctica de la hermenéutica de la gracia, tiene profundas dimensiones éticas y sociales. Sólo cuando interpretemos las situaciones humanas con el lente de la gracia es que viviremos por gracia. Y si es que queremos forjar un camino hacia un futuro diferente del pasado y de lo que tenemos hoy, debemos volvernos al diseño de Dios para la vida humana, y tiene que ver con el reflejo de su carácter en todas las relaciones, y centralmente, es el camino de la gracia.

 

 

 

Acción profética y gratuidad de la presencia de Cristo en el destruido mundo de América Latina. Alternativas al neoliberalismo

Reconocemos el aporte de la tradición hebrea a la perspectiva bíblica de la vida humana, que incluye la economía, y que la Iglesia cristiana la asume como orientadora, al tomar el Antiguo Testamento también como parte de su herencia. Hay pilares que es importante afirmarlos. Pero esto es necesario hacerlo sin necesidad de sesgar el mensaje integral de la Escritura. Es muy propio de los teóricos del libre mercado con apoyo de material bíblico, el afirmar el valor del trabajo, el de la “propiedad privada”, el de la resistencia a la autoridad que quiere expoliar lo que pertenece al pueblo y el producto de la propia labor (i.e. la viña de Nabot), el de la libertad de conciencia y de acción. Pero no les interesa afirmar la gran tradición profética de la justicia demandada en las relaciones, el rechazo a la explotación, la protección a los pobres, viudas y huérfanos, al sentido de “propiedad privada” como mera mayordomía de algo que pertenece al Creador, el ideal del jubileo como reforma total para la equidad. Los pasajes proféticos dan cuenta que no sólo las personas, sino que las leyes y las estructuras políticas, económicas y sociales pueden devenir corruptas y que es necesario reformarlas o cambiarlas de cuajo hacia el ideal de justicia y equidad promovido por la Escritura. Y pensando en soluciones radicales, es típico de quienes están acomodados, ¾aún después de haber transitado ellos mismos por situaciones difíciles, o aún a través de una revolución o un acto de fuerza para restablecer sus derechos¾ el no pensar o reconocer que otros necesitan hacerlo, y de que siguen operando situaciones de injusticia que necesitan confrontarse, o arrancarse, también y nuevamente a través de acciones de fuerza contra aquellos que están sosteniendo el injusto sistema actual.

 

       Por ejemplo, los hebreos representan una tradición de búsqueda de libertad espiritual y social, aunque esta circunstancia tuviera que pasar por los actos de conquista y expoliación a otros de sus propiedades (tierras) basados en un supuesto derecho al espacio vital. Y aún de quitarles a otros lo suyo porque se supone “son injustos” y no son dignos de ello (todo esto bajo prerrogativas religiosas de antaño, que de ninguna manera pueden aceptarse hoy en día) bajo el supuesto de que ellos vivirán en la nueva tierra como representantes y modelo de justicia y equidad, condición para ser bendecidos y prosperados. ¿No podemos imaginarnos que este principio ¾el del espacio vital¾ es necesario ejercerlo, doquiera el ser humano necesita los medios esenciales de vida? ¿No representan las ingentes invasiones en zonas marginales por los pobres en el Tercer Mundo, un hecho imperativo de vida o muerte para sus familias, el de la necesidad de disponer de un espacio vital que les está negado de otra manera? ¿Y no serán necesarias las revoluciones sociales (aunque cruentas algunas veces y una especie de látigo) para que impere otra forma de derecho que contravenga un sistema injusto de acumulación desmedida por algunos pocos? ¿ Será lo que esperan las clases que detentan el poder y los medios, al no querer entender por el diálogo y la razón que es necesario otro tipo de ordenamiento jurídico y social?

 

       A pesar de la dramática situación que vivimos, tenemos en la historia de América Latina demostraciones de la operación de la gratuidad de Dios. Paulo Suess refiere lo que significó la acción de Bartolomé de Las Casas en un contexto de maltrato y expoliación de los nativos a causa de la conquista, y cita uno de sus escritos: “Dejé a Jesucristo en las Indias, Nuestro Dios, hostigado, azotado, herido, golpeado y crucificado, no una sino mil veces, por los españoles que han devastado y destruido aquellas gentes, acabando con sus vidas antes de tiempo”.[34] La postura de Bartolomé de Las Casas representa la actitud que deben tomar los cristianos: de angustia por las actuales circunstancias de América Latina, de crítica profética de la religión alienada, de compromiso con los pobres y desposeídos. Contra las posturas dominantes de todas las épocas, tipificadas en jerarquías aprovechadoras, prioridades secundarias y exclusión, para Suess, la tarea de comunidades con conciencia de misión transformativa en estos contextos debe ser entendida como la articulación de redes comunitarias basadas en la fe, que resisten cualquier clase de hegemonía despótica y prestan asistencia a aquellos que caen bajo las manos de ladrones (Lucas 10:25 ss). “Vida abundante”(o eterna) sucede en el establecimiento de redes de solidaridad con las víctimas. El espacio de gratuidad se diseña y establece por solidaridad desinteresada. La liberación y salvación provista por la cruz nos guía a entender la encarnación de Jesús como modelo de solidaridad. En esta solidaridad, los cristianos traen el logos, es decir, “la palabra de reconciliación” al mundo (2 Corintios 5:19ss). Pero logos no sólo significa “palabra”. Legein originalmente significaba “reunir”, “juntarse”, “concentrarse”. El “logos de reconciliación” puede entonces ser entendido como “cosecha” y “concentración” de los hombres en una red de nuevas relaciones fraternales. Esta red, con muchos puntos de encuentro y conexiones, debe constituirse en una salvaguardia contra hegemonías piramidales y propiedades privilegiadas.[35]

 

 

 

Claridad en el análisis, resistencia y postura profética proactiva

Suess señala que el contexto latinoamericano actual nos obliga a considerar aspectos importantes para la reflexión y práctica misiológica, desde la óptica de la gracia:

 

       a) Confrontados con un mercado mundial competitivo y excluyente, la alternativa evangélica consiste en la gratuidad del trabajo completo de salvación y liberación, anclado en la cruz y resurrección del Señor. Nuestra reflexión misiológica puede ayudar a las iglesias institucionalizadas a revisar el costo de sus estructuras que crean obstáculos para tener una presencia entre los pobres y, sobre todo, para el ejercicio de la gratuidad.

 

       b) El proyecto neoliberal caracterizado por la acumulación piramidal, no es viable para todos. Para la mayoría de la humanidad, la redistribución de los bienes de la tierra es una condición de supervivencia. Para los cristianos, la “mesa comparti­da” implica contextualizar el banquete eucarístico en el contexto macro-económico y social de nuestro tiempo.

 

       c) El mundo globalizado y de mercados no atados a un territorio nos fuerza a establecer un nuevo y universal vínculo o articulación entre los pobres. Este vínculo universal con el reconocimiento y protagonismo de los afectados y que se orienta a la liberación de las mayorías, debe ser una respuesta a la globalización exclusivista.[36]

 

       Según Rieger, es fundamental el rompimiento con el statu quo y confrontar el estado de represión masiva y los poderes que la generan. El destino de la gente en la marginalidad y en el fondo de la escala social no es un mero accidente, o una caída en la hondonada que tiene que ver con mala suerte o la combinación de una serie de situaciones infortunadas, o contravención de supuestas leyes divinas. La situación de la gente en la marginalidad tiene que ver con una situación de exclusión por la cual opera nuestra llamada economía de libre mercado. Por ejemplo, la expansión económica se construye sobre la bases de disponibilida